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Noli me tángere / Novela Tagala, Edición completa con notas de R. Sempau

by José Rizal

es · ~585 min at 250 WPM

Noli me tángere, primera novela de José Rizal, narra el regreso a Filipinas de Crisóstomo Ibarra, un joven mestizo educado en Europa que vuelve a su pueblo lleno de ideales reformistas. Allí reencuentra a su amada María Clara, pero descubre que su padre ha muerto deshonrado por las maquinaciones del clero. Cuando Ibarra intenta fundar una escuela y mejorar la vida de sus paisanos, choca con el poder de los frailes, en especial el padre Salví, que urden su perdición. La traición, el amor frustrado y la rebeldía empujan al protagonista hacia un destino trágico.

Más que una historia romántica, la novela es un retrato implacable de los abusos coloniales y de la hipocresía religiosa en las Filipinas del siglo XIX. Rizal denuncia la injusticia con ironía y ternura, despertando la conciencia nacional filipina. Su valentía le costó la vida, pero convirtió este libro en símbolo perdurable de libertad y dignidad.

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How it begins

N ació en Calamba é hizo sus primeros estudios en Manila, donde publicó sus poesías juveniles. Tenía sólo trece años cuando dió al teatro un melodrama en verso que llevaba por título: Junto al Pásig , y después de esta producción, favorablemente acogida por el público y la prensa, escribió una oda A la Juventud filipina y una loa denominada El Consejo de los Dioses , dedicada á conmemorar el centenario de Cervantes. Discípulo de los jesuítas, recibió de éstos educación esmerada, con que se acrecentó su natural ingenio. En 1882, siendo aún muy joven, pasó á España y cursó la carrera de médico y la de Filosofía y Letras. Poco después, visitó las principales poblaciones de Europa y se entregó con ardor al estudio de la filología. Conocedor de algunas lenguas clásicas, quiso aprender los principales idiomas europeos, y merced á su aplicación, su claro entendimiento y sus viajes, salió airoso de su intento. Poseyó, además del tagalo, su lengua materna, el español y el ilocano, aunque este último no le fué nunca familiar como el primero. No conoció la pereza. En las horas que su profesión de médico le dejaba libres, pintaba y esculpía. Su habilidad de escultor era muy notable, y, según Blumentritt, revelaba verdadera vocación de artista, encariñado con la improductiva y hermosa labor.

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