BoltRead

Clásicos Castellanos: Libro de Buen Amor

by Juan Ruiz

es · ~685 min at 250 WPM

Existe en este libro un yo poético, el Arcipreste de Hita, que narra en primera persona una serie de aventuras amorosas, casi todas fallidas, en las que sus tentativas de conquista terminan en fracaso, burla o muerte. Para guiarle aparece doña Venus y, sobre todo, la vieja alcahueta Trotaconventos, intermediaria de sus amores. Entre los episodios se intercalan fábulas, sermones, cántigas, una disputa alegórica entre don Carnal y doña Cuaresma, gozos a la Virgen y digresiones morales, todo enmarcado por la ambigua advertencia de distinguir el "buen amor" del "loco amor" del mundo.

Su importancia reside en la mezcla desbordante de lo sagrado y lo profano, de la devoción y la sátira, del didactismo clerical y la viva voz popular del mester de juglaría. Con humor, ironía y un realismo sin tapujos, Juan Ruiz retrata la sociedad castellana del siglo XIV y crea uno de los monumentos fundadores de la lengua, una obra de irrepetible energía, libertad y riqueza métrica.

Read this book

How it begins

El libro que tiene en sus manos el curioso lector es el libro más valiente que se ha escrito en lengua castellana. Nuestra literatura ofrece tres cimas, que se yerguen hasta las estrellas y sobresalen entre las obras más excelsas del ingenio humano. El Quijote en el género novelesco, La Celestina en el dramático, El Libro de Buen Amor en el satírico, en el lírico, en el dramático, en todos los géneros, porque todos los confunde la reventazón creadora de un poeta solitario, que alza su voz poderosa en el silencio de una sociedad medio guerrera y medio bárbara. Pero en reciura de músculos, en volubilidad de meneos, en fuerza de rugiente vida, en desenfadada sinceridad y abertura de pecho, el Arcipreste de Hita se adelanta a todos los artistas del mundo. Este hombre es el gigantazo aquel, llamado Polifemo, que nos pintó Homero, metido a escritor. Los sillares con que levanta su obra son vivos peñascos, arrancados de la cumbre de las montañas y hacinados sin argamasa ni trabazones convencionales de las que no pueden prescindir los más celebrados artistas. "¡Qué lástima—dice benditamente Martínez de la Rosa—que un hombre de tanto ingenio naciese en un siglo tan rudo!" ¡Acaso, digo yo, naciendo en el que nacisteis, hubiera sido de vuestra atildada escuela!

Text from Project Gutenberg, public domain.