Cuentos de amor
Tranquilízate, lector: Cuentos de amor reúne una amplia selección de relatos breves de Emilia Pardo Bazán, una autora que para estas fechas confiesa haber escrito ya cerca de quinientos cuentos. El volumen abre con un prólogo en el que la condesa, con ironía y franqueza, sale al paso de quienes le disputan la propiedad de sus asuntos: admite que algunos relatos nacen de sucedidos reales, de glosas ajenas o de ideas que le sugirieron escritores como Campoamor. A través de piezas como La sirena, La cabellera de Laura o La perla rosa, despliega un repertorio de pasiones, celos, engaños y caídas, donde el amor aparece en todas sus formas, desde la más sublime hasta la más turbia.
Su importancia radica en el dominio absoluto del cuento literario, género que la autora reivindica como el más libre y amplio. Pardo Bazán explora los conflictos del deseo y la condición femenina con mirada naturalista, lúcida y a menudo irónica, fundiendo realidad e invención. Estos cuentos muestran a una de las grandes maestras de la narrativa española.
How it begins
T RANQUILÍZATE, lector: no se trata de un prólogo grave pegado á un libro de entretenimiento, lastre de plomo de algo tan leve como el ala de la mariposa: sólo encontrarás aquí unas cuantas advertencias, por otra parte innecesarias si para mí no rigiesen distintas leyes que para los demás autores, y si en mí no se calificase de delito lo que en ellos es acción indiferente, cuando no gracia merecedora de aplauso. No ignorarás que he escrito á estas fechas gran número de cuentos, pero acaso te sorprenda si digo que pasan de cuatrocientos, y á todo correr se acercan á quinientos ya. No pocos, antes de ser recogidos en volumen, andan vertidos á varias lenguas en tierras muy lejanas, á pesar del descuido de una autora que no por indiferencia ni por desdén, sino por falta de tiempo, suele no contestar á las amables cartas de sus bondadosos traductores. De estos cuatrocientos y pico de cuentos hay tres ó cuatro de los cuales se murmuró; para decir más verdad, de quien se murmuró no fué de ellos, sino de mí, negándome la propiedad del asunto.
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