Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas
Fortunata y Jacinta narra la historia de Juanito Santa Cruz, hijo único y mimado de una próspera familia burguesa del Madrid del siglo XIX, y de las dos mujeres que marcan su vida: Jacinta, su esposa legítima, refinada pero estéril, y Fortunata, una joven humilde y apasionada del pueblo que se convierte en su amante y le da los hijos que su matrimonio no logra. A lo largo de la novela, ambas mujeres se enredan en un destino compartido, disputándose el amor de un mismo hombre veleidoso y egoísta, hasta un desenlace marcado por el sacrificio.
Galdós retrata con extraordinaria amplitud la sociedad madrileña, contrastando clases sociales, la moral burguesa y los instintos populares. A través de la maternidad, el adulterio y la identidad femenina, la obra explora la tensión entre naturaleza y convención. Considerada su novela cumbre y una de las mayores de la literatura española, sigue conmoviendo por su hondura humana y su penetrante realismo.
How it begins
Las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. No cursaban todos el mismo año, y aunque se reunían en la cátedra de Camús, separábanse en la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era discípulo de Novar, y Villalonga de Coronado. Ni tenían todos el mismo grado de aplicación: Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales de asentimiento a todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz y Villalonga se ponían siempre en la grada más alta, envueltos en sus capas y más parecidos a conspiradores que a estudiantes. Allí pasaban el rato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas o soplándose recíprocamente la lección cuando el catedrático les preguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un día una sartén (no sé si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metafísica) y frieron un par de huevos. Otras muchas tonterías de este jaez cuenta Villalonga, las cuales no copio por no alargar este relato.
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